Y es que podríamos decir que existen dos tipos de estrategias de captación de clientes: las que se basan en técnicas tradicionales (recomendación, contactos de los socios...), que todavía son las que más se utilizan, y las técnicas comerciales (publicaciones, página Web, referencias en los medios de comunicación, etc..) que ya vienen siendo empleadas por los grandes despachos y que poco a poco son consideradas por otros más pequeños como posibles formas de diferenciación. Precisamente en este capítulo queremos incidir en este segundo grupo.
Se define como cliente como “todo aquél que depende de una empresa –en nuestro caso un despacho” para cubrir una necesidad no satisfecha.
Los clientes de un despacho pueden ser:
a. Clientes internos:
b. Clientes externos:
c. Clientes finales:
A pesar del peso específico que tienen los clientes para las firmas, no todas tienen claro que su misión estratégica debe ser el enfoque de los clientes, teniéndolo siempre presente. ¿Por qué ocurre esto? En primer lugar porque a menudo cometemos el vicio de mirarnos el ombligo, y pensar que lo que hacemos bien hecho está, sin tener en cuenta la opinión del cliente. Y en segundo lugar, porque cuando intenta ponerse en el lugar del cliente, realmente no lo consigue.
Tres razones permiten identificar la dirección de los clientes como una exigencia necesaria en la dirección comercial:
Las cuatro etapas en la relación con el cliente son: captación, repetición, relación y vinculación. Para poder llevar a cabo una acción con el cliente es imprescindible saber en qué momento de la relación nos encontramos. Aunque a veces parezca evidente, no siempre lo es. Veamos:
Captación y repetición: Lógicamente el primer objetivo de la gestión de clientes es conseguir introducirlos en el despacho. En este sentido existen una serie de herramientas que nos permitirán captar a los mejores clientes con el menor coste.
Una herramienta muy útil es la segmentación. Si bien cada cliente es un mundo, más o menos podemos definir grupos con unas características y comportamientos comunes, que llamaremos segmentos. Una vez definidos, se puede establecer un modelo básico de captación, que como mínimo han de contemplar lo siguiente:
Si bien la captación de clientes no puede considerarse como un gasto, sino más bien como una inversión, está claro que incluye unos costes:: de promoción y publicidad; de campañas de marketing directo; de los regalos que podamos hacer a los clientes, las comisiones que hayamos de pagar a nuestros comerciales, etc.
En cuanto al mecanismo de repetición, no nos cansaremos de decir que si bien retener a un cliente es barato, su gran “inconveniente” es que requiere constancia. Es decir, requiere un buen seguimiento, una buena atención y una mejor gestión de las quejas.
Cuando un cliente contrata nuestros servicios por primera vez, hemos de conseguir que lo vuelva a hacer en otras ocasiones. Le hemos de dar argumentos para que repita. Si conseguimos que repita, se puede decir que la firma está en condiciones de garantizar el crecimiento rentable, ya que se tendrán unos ingresos constantes garantizados de forma periódica.unos ingresos constantes.
Otras ventajas son:
Para que el cliente se mantenga satisfecho es necesario, al margen de la oferta de valor de derivada de la contratación del servicio de asesoramiento, implantar los sistemas de relación que permitan interactuar positivamente con el despacho.
Es muy importante que todo el despacho se mentalice de que se ha atender bien al cliente que se tiene dentro. ¿Cuáles son los pilares de una biuena atención? Veamos:
Existen dos tipos de retención: La reactiva y la preactiva. La primera actúa cuando el cliente decide dejar la firma y lo comunica. La segunda actúa cuando se detecta la posibilidad de que el cliente, en un plazo muy breve, decidirá dejar la firma. Es mejor apostar por la retención preactiva que por la reactiva. Sin embargo, el gran handicap viene de la dificultad de identificar alarmas, así como la escasa predisposición de atender al cliente, a menos que la situación sea crítica. Por ello, suelen ser más frecuentes las acciones de retención reactiva.
Para terminar, decir que la lealtad es el objetivo final que se desearía con todo cliente. Va más allá de la fidelización y se distingue porque el cliente percibe a la firma como “su despacho”, tanto por razones conscientes como inconscientes.
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